Ambar / ABUSO SEXUAL

Según la definición de abuso sexual del Centro Nacional de Maltrato y Abuso Sexual de EEUU (1978):

“En los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, se habla de abuso sexual cuando el adulto (agresor/a) utiliza al niño para estimularse sexualmente a sí mismo, al niño/a o a otra persona. El abuso sexual puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando éste es significativamente mayor que el niño (víctima) o cuando está (el agresor/a) en una posición de poder o control respecto a la víctima.”

Síntomas y secuelas del Abuso Sexual:

En primer lugar las secuelas pueden encajar en el Diagnóstico estrés postraumático (DSM-IV, APA 1996). Judith Herman (1992) plantea un esquema que amplía la problemática en relación a los vínculos que la víctima establece con el agresor/a, y lo llama: “Síndrome de estrés postraumático complejo”

Esta autora agrupa las secuelas de la siguiente manera:

– Antecedentes de haber sido sometidas a un control totalitario durante un período prolongado (de meses o de años)
– Alteraciones en la regulación del afecto
– Alteraciones en la conciencia
– Alteraciones en la autopercepción
– Alteraciones en las relaciones con los demás
– Alteraciones en el sentido de la pertenencia

Basándonos en la experiencia del trabajo con sobrevivientes de abuso sexual e incesto hemos encontrado los siguientes síntomas y efectos posteriores en la vida adulta.

Miedos:

Temores diversos, miedo a estar solo/a, en la oscuridad, al abandono, incluso del terapeuta; al rechazo, a los cambios, a estar en público, a la intimidad, por lo que las relaciones de pareja son muy dificultosas.

Miedo a perder el control, miedo a enloquecer, a ser tocado/a, a la sexualidad y los sentimientos o sensaciones sexuales; temor a ciertos lugares (regularmente asociados al abuso); miedos inexplicables relacionadas con los propios hijos, protegiéndolos excesivamente y no dejándolos con ninguna otra persona; miedo a los exámenes pélvicos, postergan la ida al médico, se resisten a ser visitadas o se disocian cuando están siendo examinadas, miedo a ciertos lugares como parques, bosques, dormitorio, casas, etc.

Síntomas físicos:

Las personas que han sufrido abusos suelen tener mucha tolerancia al dolor, el cansancio, al hambre, es decir, no tienen sensibilidad para observar las señales del su cuerpo. Por el contrario, algunas sensaciones son expresadas con reacciones físicas.

Tienden a esconder su cuerpo.

Presentan muchos problemas respecto a la imagen corporal, por lo que engordan fácilmente, como protección, o bien tienen problemas alimentarios como la anorexia o la bulimia.

Presentan enfermedades físicas con fuertes componentes psicológicos, como los trastornos psicosomáticos o somato formas. Se autolesionan. También sienten rechazo hacia su cuerpo “yo no me acepto así”.

Sufren también de tensión muscular, por lo COAA es frecuente la cefalea por tensión y dolor de espalda. Presentan trastornos gástricos inexplicables o son frecuentes los problemas ginecológicos como la amenorrea, la dismenorrea, la dispareunia y vaginismo.

Secuelas emocionales:

La lista de las secuelas es amplia y compleja, desórdenes de la alimentación, (anorexia, bulimia, etc.) Distorsiones de la percepción del propio cuerpo.

Se pueden observar diferentes trastornos de ansiedad, especialmente ataques de pánico. Sentimientos de culpa. La mayoría de las personas supervivientes han pasado muchos años sintiendo que ellas/os fueron las/los culpables del abuso y se reprochan no haberse defendido, no haber pedido ayuda, haberlo permitido y haber sentido placer.

También presentan conductas muy controladoras, suelen controlar en las relaciones, en el trabajo, con mucha tendencia a la perfección, como defensa ante la angustia de perder el propio control.

Un aspecto importante de la despersonalización y desrealización -suelen sentirse como si fueran ellas mismas, extrañas- o disociarse, experimentando personalidades múltiples.

Los Sentimientos de desesperanza son frecuentes. Muchas de las personas tienen la idea de que no son normales y que nunca podrán salirse, tienen fuertes sentimientos de olvidar lo que pasó y se frustran cuando esto no es posible.

Relaciones:

Las personas supervivientes tienen mucha dificultad para aceptar el amor de los otros, porque prevalece el sentimiento de no merecer, de ser indigna, de estar manchada “ser sucia”, “mala o defectuosa”.

La convivencia en pareja dificulta la expresión de sentimientos, muchas veces se contienen de expresar lo que sienten miedo miedo a perder el control y la idea de que algo muy malo pasará; por otro lado, el desbordamiento de la ira es una característica que desconcierta la pareja.

Trastorno de estrés postraumático:

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es una categoría diagnóstica específica ligada a la experimentación de sucesos traumáticos que incluye:

– Síntomas de reexperimentación del trauma como la presencia de recuerdos, pensamientos o imágenes recurrentes, pesadillas y flashbacks.
– Síntomas de evitación de estímulos asociados con el trauma como la evitación de recuerdos, pensamientos, sentimientos, actividades, lugares, aspectos y personas.
– Hiperactivación con síntomas como la dificultad de conciliar el sueño, de concentrarse, hipervigilancia y respuestas de sobresalto (American Psychiatric Association, 1994)

TEPT prevalece en personas víctimas de hechos traumáticos como pueden ser casos de violación, abuso sexual, maltrato físico infantil y violencia de género, entre otros. TEPT puede ser tanto una respuesta al trauma de tipo agudo como de carácter crónico.

Sexualidad:

Esta área ofrece múltiples síntomas y secuelas. Algunos de ellos son: anorgasmia, dificultad para disfrutar de la sexualidad, dificultad para ser tocada, rechazo al sexo, este es considerado malo, sucio, pecaminoso.

Muchas veces tienen “flashbacks” durante la relación sexual, sensaciones corporales desagradables, pánico o abstinencia total de sensaciones (anestesia corporal).

Puede ser también que presente una conducta promiscua, sexo obsesivo y compulsivo, sin satisfacción como producto de su autopercepción: “Sólo soy un objeto sexual”.

Memoria:

Muchas de las supervivientes no recuerdan el abuso o tienen únicamente ideas vagas, recuerdos entrecortados o sensaciones corporales que los hacen pensar que “algo pasó”.

Pueden sufrir lagunas mentales, especialmente si se disocian. Por otra parte, suelen tener sueños o pesadillas del abuso o simbólicos del mismo abuso. Los “flashbacks” son frecuentes, al igual que los disparadores, que se presentan ante estímulos que se pueden asociar al trauma.

 



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